lunes, 25 de noviembre de 2013

Noche buena con un invitado especial

Noche buena, viajé cruzando la ciudad, transpiraba, calor, humedad, cañita voladora precoz, niños mandaban mensajes de texto a papá Noel.

 Cuando por fin llegué a la casa de mis abuelos, entré por el portón, en verano era común que estuvieran en el jardín, me crucé primero a Lara qué me miró y retrocedió, empezó a correr en dirección contraria, volteando la cabeza cada tanto, con los ojos muy abiertos, como corroborando lo que vio en mí. Qué raro, pensé, cuando vengo siempre me salta encima. 
 Mi abuelo estaba cortando el pasto con una vieja cortadora manual al lado del regador de plantas antiguo, que cada vez tenía menos agujeritos. Cuando me vió se acercó a saludarme, estaba en cuero con su sombrero blanco de paja que usaba en verano, me sonrió y cuando me estaba por abrazar se quedó parado con los brazos extendidos como tomando distancia, me miró con un leve horror. Le dije:

    -No sé qué pasa, Lara huyo de mí y ahora vos me miras así.

    -No pasa nada Yami, tranquila, los perros son exagerados, es que se te metió un diablo en el cuerpo, no te preocupes, es chiquito, ya llamo a la abuela para que te lo saque-.

2 comentarios:

  1. Yo sabia que para algo servian las abuelas. Suerte que era chiquito el diablo, capas que si era grande nadie lo notaba.

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  2. JAJAJA Dani que lindo que me leas! gracias! y si, los diablos mas grandes están entre nosotros!

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